Lo niego

​Cierro los ojos en el 

Entuerto de aquel abrigo

Descosido, colgado en el respaldo

De mi silla de montar,

Que cabalga cada una de las olas

Que acercan voces de sirenas

A mi orilla, que perfuman

Con salitre mis palabras. 



Atardecer
Atardecer
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